Ciberataques a bancos y criptomonedas, Ley de Mercados Digitales, Inteligencia Artificial y guerra: el futuro es hoy

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El escenario tecnológico está experimentando cambios de tal magnitud que nos hacen reflexionar sobre los recientes dichos de Elon Musk: “La gente no se da cuenta de lo que viene” (“People don’t realize what is coming”).

Trataré de arrojar un poco de luz sobre este proceso. Veamos.

Ciberataques a los bancos y a las criptomonedas

El aumento de los ciberataques a los bancos es directamente proporcional a la transformación digital de las entidades financieras.

El virus más utilizado sería un un ransomware dirigido a impedir accesos a los sistemas y hacerse de información privilegiada con fines extorsivos.

La preocupación alcanzó al Fondo Monetario Internacional (FMI), porque debido al desarrollo de la tecnología utilizada y la interconexión del sistema financiero, el efecto podría extenderse velozmente, afectando la estabilidad.

Otra parte del problema es que estos ataques muchas veces no son informados para no restar credibilidad al sistema.

El tema son los ataques a las infraestructuras críticas, como se visualizó claramente con la invasión rusa a Ucrania.

Este conflicto geopolítico ha marcado un antes y un después en cuanto a la ciberseguridad. Si los ataques tienen como finalidad borrar información, podrían afectar la identidad de las personas y sus derechos personales.

Todas las infraestructuras digitales y las operadas digitalmente son factibles de un ataque cibernético que las inutilice, por ello se está trabajando intensamente tanto en la prevención como en la respuesta al incidente.

Cambiando el ángulo del tema, el mundo cripto sufrió un duro ataque a su seguridad el 23 de marzo de 2022 cuando hackers robaron 615 millones de dólares en criptomonedas, según dijo Ronin Network, especializada en juegos. 

Los damnificados son usuarios del videojuego Axie Infinity. La ventana de seguridad afectada ha sido descubierta por el equipo de Sky Mavis y se habría logrado comprobar que la mayoría de los fondos hackeados todavía estaban en la billetera del hacker en ese momento.

Veremos cómo se desenvuelve esta guerra cripto.

Ley de Mercados Digitales

El 24 de abril de 2022 los organismos de la Unión Europea (el Parlamento, la Comisión y el Consejo de Europa) acordaron aprobar un proyecto conjunto de Ley de Mercados Digitales (DMA), a la cual aún le falta la aprobación final del Parlamento, el Consejo Europeo y su publicación en el Boletín Oficial de la UE para finalmente ser ley. 

Entrará en vigor 20 días después. De todas maneras, se estima que su aplicación será en el año 2023, ya que se estipula un plazo de seis meses a partir de ese momento.

Se crea la figura del “gatekeeper” o “plataforma de entrada” a fin de individualizar cuáles son las plataformas que tendrán que franquear e incorporar la posibilidad de interoperar a otras, como una manera de desmonopolizar este servicio.

La ley se aplicará a las plataformas que tengan una base de 45 millones de usuarios mensuales en la Unión Europea y diez mil usuarios corporativos, ingresos anuales de 7 mil 500 millones de euros o un valor de 75 mil millones de euros o más de capitalización bursátil, por lo cual este valor está sujeto a las alteraciones del mercado. Es una normativa claramente dirigida a las Big Tech.

Las multas previstas hablan de un tope de 10 por ciento del total de los ingresos del año fiscal anterior y hasta un 20 por ciento por incumplimientos reiterados.

Pero existen cuestionamientos sobre la seguridad que aún están por resolverse.

El CEO de Apple, Tim Cook, ya había planteado sobre el texto de la Ley de Servicios Digitales que “destruiría la seguridad del iPhone” (Reuters).

Evidentemente, estamos frente a un gran cambio en el ecosistema digital. Más allá de las regulaciones lo que se observa es la búsqueda de una forma de interactuar más allá de los dispositivos.

Hay quienes plantean que con la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA) la UE pretende convertirse en custodio del futuro.

La Inteligencia Artificial y la guerra

La invasión rusa a Ucrania ha puesto sobre el tapete el uso de la Inteligencia Artificial, tema que se viene cuestionando desde hace unos años.

Vladimir Putin ha dicho que “la nación que lidere la IA será la que gobierne el mundo”.

Pero, ¿de qué se trata? Veamos.

La Inteligencia Artificial para la guerra es un hecho, para la defensa o para el ataque. Lo cierto es que los desarrollos en IA han producido armas y vehículos autónomos terrestres y aéreos no tripulados con conciencia situacional. 

Tanques con el sistema ATLAS (Advanced Targeting and Lethality Automated System) pueden “identificar y atacar objetivos el triple de rápido que con el proceso manual”. Sobre ellos, el Ejército estadounidense explicó que ATLAS utiliza un algoritmo capaz de detectar e identificar objetivos, pero será el operador humano quien tome la decisión de disparar, ya que la finalidad es reducir al máximo la proporción de bajas civiles y de fuego amigo. 

Drones autónomos de grado militar (LAWS), cascos con tecnología IVUS (Integrated Visual Augmentation System) que “incrementarán la capacidad de los soldados al mejorar la habilidad de detectar, decidir y enfrentarse al enemigo”, hordas de misiles interconectados, robots.

Las armas autónomas ya existen. La difusión del poder nuclear tenía un efecto disuasivo, en cambio las más avanzadas tecnologías del futuro serán un secreto de Estado.

Henry  Kissinger ya se había manifestado sobre la Inteligencia Artificial cuando dijo que “al dominar ciertas competencias de forma más rápida y eficiente que los humanos, la IA podría, con el tiempo, disminuir la propia habilidad humana al reducirla a información”.

Por lo cual advirtió: “filosófica e intelectualmente la sociedad humana no está preparada para el surgimiento de la Inteligencia Artificial” (“How the Enlightenment Ends”, artículo de opinión de Henry Kissinger en The Atlantic).

Un claro ejemplo de la utilización de la IA en forma defensiva es el Domo de Hierro de Israel.

El Domo es un sistema antimisiles de defensa aérea. Consiste en un potente y eficaz escudo  que desbarata y extingue la capacidad predatoria de misiles balísticos, misiles cruceros y morteros, entre otros, interpretándolos en el aire y evitando que se precipiten sobre instalaciones civiles. 

Tiene  radares y sistemas de comando que estudian y averiguan dónde pueden precipitarse y decide sobre la peligrosidad de los cohetes para interceptarlos.

Pero como Henry Kissinger aseveró: “controlar el uso de armas inteligentes será más complicado que con las nucleares” (Conferencia en el MIT, Estados Unidos, 2019).