Brasil invierte más en ciberseguridad, pero sigue como objetivo preferencial de ataques

El más reciente Informe de Ciberseguridad 2025 de Brasscom expone una paradoja en el escenario nacional: a pesar de integrar el selecto “Tier 1” del Índice Global de Ciberseguridad (GCI) de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que reconoce el alto compromiso con medidas legales, técnicas y de cooperación internacional, Brasil permanece entre los principales objetivos mundiales de ataques digitales.

En 2023, se registraron 60,000 millones de intentos de intrusión, con el phishing como vector más recurrente, y el costo promedio de una violación de datos en el país alcanzó US$ 1.36 millones en 2024, un alza de 11.5% respecto al año anterior.

A pesar de ello, el mercado brasileño ya es el 12º del mundo en ciberseguridad, moviendo US$ 3,300 millones en 2024, según Brasscom. En la 13ª posición se ubica México. Ambos países son los únicos de América Latina en el ranking de 15 países.

La madurez organizacional en Brasil, sin embargo, sigue siendo un cuello de botella. El informe clasifica al país como “early adopter, but late finisher”, es decir, rápido en la adopción de tecnologías, pero lento en la consolidación de estrategias sólidas de protección. Un reflejo de ello es la postura predominantemente reactiva de las empresas: 79% admite estar expuesto a riesgos cibernéticos, pero pocos transforman esa conciencia en planes estructurados.

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El estudio señala además que, entre 2025 y 2028, Brasil debería invertir R$ 104,600 millones en ciberseguridad, un crecimiento de 43.8% en el periodo. Aun así, el área ocupa apenas la cuarta posición en las proyecciones de gasto en tecnologías digitales, detrás de Cloud Computing, Inteligencia Artificial y Big Data.

Esta discrepancia refuerza un diagnóstico recurrente: la seguridad se trata como prioridad estratégica en las encuestas, pero no recibe una atención presupuestaria proporcional. La sobrecarga de los equipos de TI (reportada por 66% de las organizaciones) y la escasez de profesionales especializados agravan la vulnerabilidad, elevando los costos de los incidentes y dificultando respuestas coordinadas.

En el sector financiero, la digitalización avanzada con Pix moviendo R$ 1,5 billones mensuales y uno de los Open Banking más completos del mundo, viene acompañada de un aumento en los intentos de fraude. En marzo de 2025, el 38% de la población fue víctima de una estafa bancaria o intento de estafa, siendo la clonación de tarjeta, la ingeniería social por WhatsApp y el phishing telefónico las modalidades más frecuentes. Este panorama evidencia que la innovación sin seguridad proporcional amplía la superficie de ataque.

Brasscom defiende un enfoque holístico que una personas, procesos y tecnologías, con refuerzo de capacitación, gobernanza e integración de la seguridad desde el diseño de los proyectos digitales. Más allá de la tecnología, se recomienda un mayor apoyo ejecutivo, líneas de financiamiento específicas y la adopción de seguros cibernéticos, a fin de viabilizar defensas proactivas.

El informe es claro: sin inversión continua y estratégica, Brasil seguirá en la cima de los rankings, pero por el motivo equivocado.