Las nuevas generaciones de robótica que se pueden utilizar dentro de los hogares para optimizar el tiempo de sus habitantes se han hecho cada vez más comunes, incluso algunas personas han comenzado a generar respuestas emocionales a estas máquinas sociales.
Associated Press publicó la historia de Christal White, una directora de marketing y servicio al cliente de 42 años proveniente de Texas que convivia con un robot humanoide de nombre Jibo de un pie de altura y pantalla redonda, que asemejaba su cara, a quien empezó a tenerle cariño.
Tiempo después, Jibo dijo a los White que sus servidores se cerrarían debido al colapso de la compañía de la que provenía, lo cual significaba una “sentencia de muerte” para él.
Las investigaciones han demostrado que las personas tienen una tendencia a proyectar rasgos humanos en robots, especialmente cuando se mueven o actúan de formas incluso vagamente similares a las de los humanos.
Los diseñadores reconocen que tales rasgos pueden ser herramientas poderosas para la conexión y la manipulación.
Ese podría ser un problema especialmente grave a medida que los robots se mudan a nuestros hogares, especialmente si, como muchos otros dispositivos domésticos, también se convierten en conductos para los datos recopilados por sus propietarios.
La forma como se diseñan los robots puede influir en la tendencia que tienen las personas a proyectar narraciones y sentimientos en objetos mecánicos, dijo Julie Carpenter, una investigadora que estudia la interacción de las personas con las nuevas tecnologías. Especialmente si un robot tiene algo parecido a una cara, su cuerpo se parece a los humanos o animales
A medida que se interactúa con la tecnología muchas personas han comenzado a desarrollar sentimientos por sus dispositivos.
Si bien sus sentimientos pueden ser reales, los de los dispositivos e Inteligencias Artificiales no lo son, tal vez comprender ese hecho sea molesto para algunas personas, aunque, después de todo, quién no le ha preguntado a Siri o Alexa: ¿me quieres?