Honduras | ¿Cómo influyó la falta de internet y migración en la deserción escolar durante la pandemia?

El Heraldo Haydi Carrasco

Las salas y los cuartos de las viviendas se convirtieron en las aulas de clase de cientos de miles de escolares, quienes más que aprender mantienen una lucha constante con el acceso a internet o las recargas para comunicarse con los docentes.

Otros simplemente optaron por abandonar sus estudios, pues en medio de una pandemia es más fácil desertar que luchar contra la falta de tecnología o recursos.

Solo en el primer y tercer grado de la escuela Urbana Mixta Guaymuras, en la capital de Honduras, hubo 13 de estos casos, donde los profesores no supieron nada de los estudiantes desde que el pasado 12 de marzo de 2020 (un día después de registrar el primer caso de covid-19) se suspendieron las clases presenciales.

Aunque este número parece ser mínimo en comparación con los más de 60 alumnos de estos grados que sí lograron concretar el año lectivo, nos dan una pauta de lo que está ocurriendo en las escuelas de todo el país.

Pese a las múltiples solicitudes de EL HERALDO para conocer los reportes detallados y actualizados de las deserciones en Honduras por departamento, la Secretaría Educación afirmó que no lo tenía porque todavía estaban evaluando a los escolares.

“Esas cifras son un misterio”, cuestionó Mario Alas, coordinador del Observatorio Educativo de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), al afirmar que ellos también han solicitado los datos, pero todavía no reciben respuesta.

El último dato al que tuvo acceso este rotativo -de agosto de 2020- señala que hasta ese mes 105,971 estudiantes no habían sido localizados, mientras que el resto luchaba por tener al menos un contacto a la semana para recibir sus tareas.

A esta fecha la cifra puede ser menor o -incluso- superior, pues muchos padres decidieron sacar del sistema educativo a sus descendientes por múltiples causas, entre ellas la falta de internet y migración.

Alba Molina, quien tiene a sus dos hijos en la escuela Guaymuras, comentó que ese fue el principal problema de ese centro educativo, ya que la mayoría de estudiantes son de las empobrecidas de Villa Nueva, Villa Vieja y Los Pinos.

En su caso, de los ingresos mensuales aparta 700 lempiras para pagar el servicio, es decir, el equivalente a la compra de provisión para una semana completa. “Es un gasto extra”, lamentó.

Este problema ha sido repetitivo luego que la pandemia ingresara a Honduras el 11 de marzo de 2021, lo que también se reflejó en la matrícula porque Educación esperaba una inscripción de al menos dos millones de estudiantes, pero hasta el 1 de marzo apenas había 1.2 millones.

Para conocer un poco sobre el impacto del acceso a internet en las deserciones escolares, la Unidad de Datos de EL HERALDO cruzó esas cifras por departamento con el último reporte de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) sobre acceso a internet.

La lógica nos dice que entre menos conectividad mayor será el número de deserciones, sin embargo, al verificar los datos observamos un patrón completamente diferente: en los departamentos con menos internet los casos de abandono escolar no fueron tan dramáticos.

El ejemplo más claro es Gracias a Dios, al noroccidente de Honduras. En ese departamento el 0.05% de la población tenía internet fijo y el 36% conectividad 4G -aquella que soporta llamadas de video en buena resolución, transmisiones en directo y juegos en linea-, pero de los más de 28 mil matriculados solo el 3.53% desertó.

Lo mismo ocurrió en Intibucá, donde el 3.91% de los estudiantes abandó sus estudios, pese a que la conectividad no llegaba ni al 50% de la población. De cada 10 personas tres tenían -hasta el último trimestre de 2020- conectividad 4G y una internet fijo.

En Lempira el 4G solo abarcaba al 27% de la población y el internet fijo no llegaba ni al uno por ciento. Al igual que los otros dos departamentos, las cifras de Educación muestran que las deserciones fueron mínimas, pero que -de una u otra manera- impactan en el número global.

Para Mario Alas esto se debe al tipo de evaluación que realizan en las áreas rurales y urbanas, pues en los pueblos o comunidades aisladas los docentes son más cercanos con los estudiantes o familias, mientras que en las ciudades hay más dificultad para darles seguimiento.

“Mientras en las áreas rurales, en las aldeas, comunidades pequeñas, los maestros sí tienen un contacto personal con las familias y los niños, en las áreas urbanas, aunque estén todos esos servicios hay una gran parte de la población que no pueden pagarlos, entonces ellos son excluidos”, detalló el académico.

La explicación de Alas se refleja en los datos de Cortés y Francisco Morazán, pues más del 80% de los habitantes en estas zonas tienen internet 4G y la cobertura por cable es la más alta en comparación con los otros departamentos (9.35 y 6.81% de la población, respectivamente).

Curiosamente, ambos encabezan la lista de las deserciones, pues de los más de 677,227 matriculados en 2020 la cifra de estudiantes que dejaron las aulas de clase superó los 36 mil.

Los siguientes gráficos muestran las cifras de deserciones y el uso de internet por departamento. Allí se observan los porcentajes y números en bruto.

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