Reforma Jorge Fernando Negrete P.
Ahora tenemos el deber de la esperanza, le decía Jorge Luis Borges al ex Presidente Alfonsín de Argentina.
La toma de Santiago de Chile, el asalto a Quito, el cacerolazo de Bogotá, la caída del Gobierno en Bolivia, los incendios del Amazonas, la capitulación de Culiacán y el debate sobre las prioridades públicas de cada país en América Latina han dejado la política pública y la regulación digital en la última de las prioridades. Una de las palabras más repetidas desde la voz pública, desde la calle, es: desigualdad.
La desigualdad como sistema vio su primer discurso en occidente con Jean Jacques Rousseau en 1754. Para él, la desigualdad tiene un origen moral y es la causa de las desigualdades en el poder y la riqueza. Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, establece un determinismo político: “la desigualdad de nuestras sociedades es una opción política, más que una consecuencia económica”. Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, percibe una condición potestativa: “la desigualdad es inevitable. Tanta desigualdad como la que se registra en Estados Unidos hoy en día, no lo es”.
La desigualdad es un ayuno de derechos fundamentales, oportunidades económicas, educativas y culturales que nos obsequia su tragedia, viviendo su propia paradoja: es inevitable e inmoral. Diseñar soluciones que abatan la distancia entre quienes tienen más y los que tienen menos es un proyecto de largo aliento para las políticas públicas.
Pero la política pública está en crisis, se le desprecia, se desconfía de ella porque es técnica, no es fácil. Necesita tiempo, reflexión, oxígeno. La política pública apuesta a su gestión inmediata, su fortalecimiento a mediano plazo y beneficio a largo plazo. La política pública especula y arriesga, falla y corrige. La política pública no es sexy porque no genera transformación inmediata. La política pública necesita herramientas aburridas, medirlo todo, evaluar, corregir y señalar rumbo, avanzar y retroceder. La política pública no es hot, ni es trendy; es científica, crítica y disciplinada.
Aun así, la solución a la desigualdad se encuentra en la política pública. Junto con Stiglitz y Krugman, Thomas Piketty sostiene que el crecimiento de la producción se debe a tres factores: “al avance tecnológico, la difusión del conocimiento y el crecimiento poblacional”. Piketty nos revela lo que algunos analistas ya mencionan como “la explicación tecnológica”. Sí, el avance tecnológico y la difusión del conocimiento para desarrollar nuestra sociedad.
La desigualdad es una tragedia con responsabilidad cuando es ocasionada por la falta de acción del Estado, por la falta de política pública. La falta sistemática de acción pública se transforma en una intencionalidad dañina.
El Gobierno crea CFT Telecomunicaciones e Internet para Todos con un presupuesto minúsculo y no libera la inversión privada del sector telecom. América Móvil anuncia inversiones de 7,000 millones de dólares en Brasil. El Gobierno no define el precio de espectro radioeléctrico y Movistar anuncia la devolución del mismo. El Gobierno no invierte en software, cómputo y seguridad y es secuestrado el sistema de Pemex por un malware. El Gobierno quiere igualdad, pero no usa el más poderoso igualador de oportunidades en la historia de la civilización, las tecnologías de la información. No hay agenda digital.
China sacó a 600 millones de personas de la pobreza con industria, ciencia y tecnología. Estados Unidos fortaleció su economía con 4G y sus dinosaurios digitales. Hoy, México ocupa el lugar 90 en el Índice de Comercio Electrónico 2019 de la UNCTAD, pero queremos tren y petróleo. Penoso.
La política digital está en el sótano del edificio, en el lugar obscuro del abandono. El poder transformador de la tecnología se subestima.
La sociedad que abandona la tecnología, se abandona a sí misma y de paso condena a una generación de ciudadanos a la marginación digital, a la náusea y a la vacuidad de la indolencia.
El deber a la esperanza de Borges, se condena al olvido.
Presidente de Digital Policy & Law
Twitter: @fernegretep
