Surface todavía es un producto complicado de explicar y al mismo tiempo muy sencillo de comprender. No es tableta ni portátil sin dejar de ser ambas. Desde que llegó el primer modelo, Microsoft ha creado nuevas categorías, pero no ha realizado grandes cambios en el diseño ni en su razón de ser. Así pues, Surface Pro 7 es más de lo mismo… para bien y para mal.
A grandes rasgos, Surface Pro 7 es para Microsoft lo que el MacBook Air es para Apple: un ordenador magnífico, cómodo, ligero y que tiene el problema de costar demasiado para muchos. Su precio es alto y se acerca a una línea roja, la de los 1.000 euros, que ya hace pensar si puestos a gastar dinero no merecerá más la pena irse un peldaño más arriba. En Cupertino, este escalón es el MacBook pro; en Redmond, Surface Pro X.
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