Alerta sísmica en silencio, ¿“mantenimiento rápido” o negligencia?

El sismo de magnitud 5.6 con epicentro en Oaxaca, ocurrido este lunes 4 de mayo, no fue sólo un recordatorio de nuestra vulnerabilidad geográfica, sino una señal de alarma sobre la fragilidad de nuestras instituciones.

Mientras los altavoces capitalinos se activaron con la alerta sísmica, el silencio de los teléfonos celulares, el eslabón tecnológico que se nos vendió como infalible, resuena hoy más fuerte que cualquier sirena.

Ante la falta de explicaciones, la ciudadanía se debate entre una duda razonable: ¿estamos ante un “mantenimiento rápido” como señaló la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) de Pepe Merino, o ante una negligencia institucional que podría costar vidas?

Imaginemos por un momento que este sismo no hubiera sido un evento moderado. Proyectemos el escenario de un terremoto con la fuerza destructiva del ocurrido en 2017. En esa situación, la diferencia entre la vida y la muerte se mide en segundos.

Si el sistema de alerta en celulares fallara bajo el pretexto de un “mantenimiento rápido” durante un evento de tal magnitud, las consecuencias serían catastróficas.

Se supone que la alerta sísmica en los celulares, que se trata de una alerta presidencial, debe tener una disponibilidad cercana al 100% con márgenes mínimos de error. Y a decir de la comunicación de la ATDT, es así, pero ¿qué creen? Que el sismo de este lunes 4 de mayo agarró a los ingenieros de la ATDT justamente dándole “mantenimiento rápido” para ponerla a punto para el simulacro nacional del miércoles 6 de mayo.

En otras palabras, la alerta sísmica en los celulares no podrá funcionar en sismos reales, pero va a estar al punto ¡durante los simulacros!

Etiquetar una falla de sistema como “mantenimiento rápido” en una zona de alta sismicidad es, por definición, una negligencia. No se puede “reparar” el paracaídas mientras se está saltando del avión.

La administración pública suele refugiarse en tecnicismos cuando la infraestructura falla. Sin embargo, llamar “mantenimiento rápido” a la inoperatividad de una alerta durante un sismo real es una contradicción que lo único que parece es que quieren tomarle el pelo a los ciudadanos.

Si la alerta no suena cuando el suelo se mueve, no importa cuántas veces funcione en los simulacros. La efectividad de la protección civil se mide en la crisis, no en el ensayo.

La justificación de las autoridades tras la falla en los dispositivos móviles solo alimenta la desconfianza. ¿Se subestimó la importancia de la integración digital? ¿Se delegó la seguridad a protocolos de mantenimiento mal planeados?

Si un sismo de gran magnitud nos golpeara hoy con la alerta “en mantenimiento rápido”, no estaríamos hablando de un error técnico, sino de una omisión que costaría vidas.

La tecnología para salvarnos existe y se han invertido recursos públicos en ella; que no se active cuando más se necesita no es un bache en el camino, es una negligencia que, en una ciudad con memoria de escombros, no se puede permitir.