Cartagena. Colombia enfrenta una decisión crucial: actualizar su marco regulatorio para aprovechar las oportunidades de la economía digital o quedarse paralizada con modelos obsoletos del siglo XX que perpetúan la informalidad y la exclusión, así lo afirmó Carlos Castellanos, director de Asuntos de Gobierno para la región Andina de DiDi, durante su participación en el Colombia Digital Summit.
El directivo afirmó que aunque se creía que el futuro era un escenario lejano, la realidad es que ya se ha instalado en la economía con impactos en la sociedad. “Estamos en una época que no es sólo innovación, sino de revisión constante. No es sólo un cambio tecnológico, se vive un cambio de pilares, de cambio de la infraestructura y de cómo funciona la economía”, aseguró.
Indicó que actualmente se cuentan con más de 49 millones de colombianos con acceso a telefonía móvil, mientras que el comercio electrónico supera los 60 billones de pesos anuales.
“La pregunta no es si lo digital nos trae oportunidades de negocio, sino si Colombia va a optar por quedarse congelada en el tiempo con un modelo regulatorio lineal, y si nos quedamos con un modelo económico parecido al Windows 95 por ser lo más cómodo y conocido”, sentenció.
En ese sentido, explicó que la principal tensión radica en la brecha entre la realidad digital y un modelo regulatorio diseñado para otra época. Castellanos acusó que las reglas actuales responden a una lógica de empleos subordinados de 8 a 5, empresas jerárquicas y mercados geográficamente determinados, mientras que la realidad ahora nos enfrenta a trabajo remoto, acceso directo a los mercados e ingresos por múltiples fuentes.
“Cuando la regulación se desconecta de la realidad, esta no desaparece, sino que se adapta y genera tensiones, lo que en Colombia se traduce en exclusión e informalidad”, explicó. Con más de 13 millones de personas trabajando en la informalidad y más del 60% de los trabajadores con ingresos variables, alertó que la sociedad reconoce cuando existe un costo de oportunidad por mantener regulaciones obsoletas.
“Si el modelo tradicional no se actualiza y se abre a reconocer el poder de las plataformas para repensar ese modelo, hagan cuentas de cuántas décadas más nos vamos a tardar”, agregó.
Más allá de ser consideradas como empresas tecnológicas, apuntó que las plataformas significan acceso, autonomía, inclusión y democratización. En el caso de DiDi, reveló que más de 250,000 usuarios conductores se conectaron al menos una vez durante 2024 en Bogotá, Cali y Medellín, generando oportunidades de ingresos flexibles para cientos de miles de familias.
Además, los datos indican que estas plataformas complementan, sin reemplazar la infraestructura existente. En Bogotá, el 69% de las solicitudes intermediadas por DiDi comenzaban en estaciones de Transmilenio o paradas de bus tradicionales, por lo que funcionan como complemento para la cobertura de movilidad urbana.
Mantener la regulación con “los lentes del pasado” genera tres consecuencias críticas: sobrerregulación que produce ineficiencia, desincentivos que limitan la oferta y la demanda, y exclusión que profundiza la informalidad. “La buena regulación no mide lo que prohíbe, sino lo que permite que funcione mejor creando bienestar”, enfatizó Castellanos.