Este análisis es parte de las Predicciones DPL News 2026
Este 2026 será un año decisivo para pasar de las promesas, los procesos y los planes a los resultados tangibles. Tras el avance en áreas clave de la industria digital a fines de 2025, como el inicio del despliegue de redes 5G, la llegada de Millicom (Tigo) al país y la finalización de las negociaciones de espectro que estaban pendientes desde 2023, el próximo año se perfila como un punto de inflexión real en la infraestructura de conectividad, servicios digitales, inclusión tecnológica y transformación productiva del país.
Sin embargo, será necesario superar algunos desafíos estructurales que determinarán si ese salto se consolida o se diluye.
En octubre de 2025, CNT EP lanzó oficialmente la red 5G en Ecuador con la promesa de alcanzar cobertura nacional hacia mediados de 2026. Claro hizo lo propio en Guayaquil, Quito, Puerto Ayora y Coca a inicios de diciembre, luego de haber firmado días atrás, al igual que Tigo, sus respectivas concesiones de espectro para 5G.
Además, de acuerdo con el ministro de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (Mintel), Roberto Kury, se espera que para 2026 las redes 5G estén operando no sólo en las principales ciudades, sino alcanzando gradualmente zonas menos atendidas, lo que podría impulsar “nuevas oportunidades en agricultura de precisión, telemedicina, ciudades inteligentes, IoT y servicios digitales de alto valor”.
Si se logra una cobertura amplia y un despliegue eficiente, 2026 podría marcar el fin de la era predominante del 4G como “el estándar mínimo”, y abrir camino para servicios de banda ancha móvil, baja latencia y conexiones masivas de dispositivos como lo permite la tecnología 5G, lo que aceleraría las innovaciones en industrias, gobierno digital, educación, salud y sector privado.
Otro de los acontecimientos más importantes es la llegada de Millicom a Ecuador, que compró las operaciones de Telefónica (Otecel).
Millicom aprovechará su escala regional y la experiencia que tiene en otros mercados latinoamericanos para invertir fuertemente en infraestructura, modernización de redes y expansión de cobertura, lo que podría traducirse en una mejora tangible de calidad de Internet móvil y fija, una mayor competencia y, por ende, mejores precios, ofertas y apertura a servicios de valor agregado.
También existe una potencial transformación estructural, ya que la entrada de Millicom podría servir como catalizador para que Ecuador acelere su transición hacia 5G y digitalice hogares, empresas y sectores rurales.
No obstante, ese salto dependerá de que la inversión sea sostenida, que exista una estrategia clara de inclusión, cobertura real en zonas rurales y que los costos de acceso (servicios + dispositivos) sean asequibles. Si se combina con políticas públicas inteligentes, 2026 podría marcar un “antes y después” en conectividad.
Esto se liga a uno de los pilares de trabajo principales del gobierno nacional ecuatoriano: la reducción de la brecha digital territorial. Gracias a los compromisos que incluía la renovación de espectro, se espera que los operadores extiendan redes, de 3G a 4G y 4G a 5G, tanto en centros urbanos como en zonas rurales o marginales.
Esa expansión podría mejorar significativamente la conectividad en parroquias (barrios o colonias), comunidades apartadas y áreas con baja cobertura histórica.
Si se complementa con programas de acceso asequible, facilidades para dispositivos compatibles con 5G y políticas de inclusión digital, será posible asegurar un Ecuador más conectado, con mejores oportunidades para educación, teletrabajo, servicios públicos digitales y desarrollo local.
Aunque existe un escenario optimista para 2026, su concreción podría verse afectada por riesgos clave, como la desigualdad en la cobertura y el acceso efectivo a 5G –especialmente si el despliegue se concentra en grandes ciudades y no garantiza calidad en zonas rurales o periféricas–, así como por la limitada disponibilidad y accesibilidad económica de dispositivos compatibles, factores que podrían restringir la adopción masiva de esta tecnología.
La capacidad energética e infraestructura de respaldo es otro riesgo a considerar, pues en 2024 Ecuador vivió una crisis energética con cortes de luz que llegaron a superar las 12 y hasta 14 horas diarias en muchas zonas.
En este sentido, la matriz energética o la infraestructura eléctrica podrían obstaculizar el despliegue masivo de redes avanzadas. Para ello se requiere regulación, políticas públicas, voluntad estatal y soluciones de transformación energética sostenible que garanticen la disponibilidad permanente de las redes.