Este análisis es parte de las Predicciones DPL News 2026
En medio de una guerra comercial a escala global, tensiones geopolíticas, múltiples procesos de elecciones y una evolución tecnológica acelerada, la economía mundial aún logró un crecimiento moderado durante el 2025 y una tendencia deflacionaria que alejó momentáneamente los temores de una posible recesión. El 2026 podría ser un año de continuidad para la economía mundial, incluso con bajas tasas de crecimiento, una mayor polarización ideológica en múltiples países y una creciente incertidumbre respecto al impacto de la Inteligencia Artificial.
En el caso de América Latina, se espera que el PIB regional crezca entre 2.3% y 2.5%, según las más recientes estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). América Central podría crecer 3.2%, América del Sur 2.4%, México 1.3% y el Caribe hasta 8.2% (impulsada principalmente por la Guyana).
La Cepal “advierte que el panorama internacional continúa dominado por riesgos a la baja, entre los que se destacan la posibilidad de correcciones abruptas en los mercados financieros internacionales, presiones sobre la sostenibilidad fiscal en economías avanzadas y posibles disrupciones comerciales adicionales, tensiones que podrían afectar la credibilidad de las políticas monetarias en los principales bancos centrales del mundo y los niveles de tasas de interés”.
Por su parte, la consultora S&P Global advierte que la región podría incluso registrar el menor rendimiento de entre mercados emergentes, a una tasa alrededor del 2% en 2026. En el caso de Argentina, la consultora ajustó su previsión de 2025 a 4.2% por menor actividad y volatilidad política, aunque mantiene 3.0% para 2026. México proyecta una leve recuperación en 2026 (1.4%) tras la caída de la inversión pública en 2025, con incertidumbre por la revisión del TMEC.
Para Brasil, la consultora conserva estimaciones de 2.3% y 1.7%, para 2025 y 2026, respectivamente, con señales de debilitamiento en la demanda interna. Colombia mantiene 2.5% y 2.8%, respectivamente, aunque la inflación y las elecciones de 2026 generan riesgos. En el caso de Chile se prevé una desaceleración de 2.5% en 2025 a 2.3% en 2026, con buenas perspectivas por inversión en maquinaria y construcción. Finalmente, en el caso de Perú se elevan las expectativas (3.1% y 2.9%), impulsadas por consumo y proyectos mineros, aunque las elecciones de 2026 podrían afectar la confianza.

En general, se espera que el rendimiento de la región aún se vea afectado por las presiones arancelarias impuestas por el gobierno estadounidense, además de una desaceleración del crecimiento de sus principales socios comerciales, principalmente Estados Unidos, cuya tasa de crecimiento podría mantenerse alrededor del 2%.
Telecomunicaciones: consolidación y nuevos negocios
En el caso del sector de telecomunicaciones latinoamericano, el 2026 estará caracterizado principalmente por la continua consolidación de las operaciones en la región, resultado de la salida de Telefónica. Transacciones ya autorizadas como Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador podrían comenzar la transición a nuevas marcas de comercialización, lo que incluiría una reestructuración de sus operaciones, conforme se consolidan con marcas locales, como es el caso de Argentina.
En el caso de Colombia, se espera el fortalecimiento de Millicom, que podría concretar la compra y consolidación de las operaciones de Movistar y EPM. México, por su parte, podría registrar también un nuevo periodo de consolidación, luego de crecientes rumores que apuntan a la venta de Movistar a Beyond ONE, que ya tiene presencia en el mercado mediante Virgin Mobile, así como la posible venta de AT&T a Izzi, el mayor operador de cable nacional.
La salida del grupo español indudablemente beneficiará a competidores como América Móvil y Millicom. Paralelamente, esto permitirá a los grupos locales alcanzar la escala necesaria para optimizar sus inversiones y gestionar de manera más eficiente sus recursos espectrales y de infraestructura.
Por otro lado, los operadores continuarán tratando de descifrar cómo realizar una transición hacia la llamada techco, que les permita renovar su relevancia como proveedores de servicio en un mundo digital e incrementar su eficiencia para atender nuevos mercados demandantes de conectividad, por ejemplo, la oportunidad que representa la creciente presencia de nuevos Centros de Datos en la región, y la continua digitalización de las industrias con demandas de redes privadas y otras soluciones de alta confiabilidad.
La Inteligencia Artificial (IA), como una tecnología que ofrecerá la oportunidad de optimizar sus propias operaciones y como un mercado potencial para la oferta de nuevos servicios, deberá estar en la agenda de los operadores si quieren elevar su rol de proveedores de conectividad hacia habilitadores de servicios avanzados de Nube e IA.
En general, se espera una continua inversión en el despliegue de 5G y fibra óptica, conforme los operadores intentan hacer frente al mayor consumo de datos y se impulsan nuevas políticas públicas para el cierre de brechas digitales (asequibilidad, cobertura, contenido, alfabetización).
Se espera que los servicios de telecomunicaciones (móvil, fijo, datos, corporativo) en la región mantengan una trayectoria de expansión de baja a media cifra, con estimaciones de crecimiento anual compuesto alrededor de 4% durante la segunda mitad de la década (2026-2030), impulsado por datos móviles, fibra y servicios empresariales, según estimaciones de la consultora Grand View Horizon.
2026: ¿punto de inflexión de la IA?
Desde el lanzamiento de ChatGPT por OpenAI a finales del 2022, la Inteligencia Artificial ha creado lo mismo fascinación y suspicacia, entre quienes la consideran una nueva tecnología de uso general que revolucionará la vida humana y quienes creen que sólo se trata de una tendencia momentánea. Mientras que estos últimos dos años la tecnología ha evolucionado, desde chatbots hasta el desarrollo de Agentes para la automatización de tareas, el 2026 podría ser el año en que la tecnología demuestre su potencial o las expectativas se desinflen.
Cuando las expectativas son tan altas –sobre cualquier tecnología– como las ha generado la IA, es obvio que se forma una burbuja ante inversionistas dispuestos a asumir un mayor riesgo por grandes beneficios potenciales, y una enorme diversidad de proyectos que podrían no ofrecer la rentabilidad esperada. Sundar Pichai, CEO de Google, lo califica como “elementos de irracionalidad”, mientras que Jeff Bezos, fundador de Amazon, apunta que se trata de una “burbuja industrial” que aún dejará grandes beneficios para la humanidad.
En ese sentido, la verdadera pregunta es: ¿de qué tamaño es? Si consideramos que estamos apenas en los albores de lo que algunas empresas consideran como un superciclo de inversión de 10 años, podría ser aún pronto para determinar su tamaño y su impacto final.
Pese a las dudas tempranas de su impacto real en la productividad, hasta ahora ningún país se ha mostrado dispuesto a enfrentar los posibles riesgos y costos de no invertir ahora en la tecnología, incluyendo los países latinoamericanos, que han impulsado nuevos proyectos de educación e infraestructura.
Para naciones como Estados Unidos y China, la inversión en Centros de Datos ha sido tan intensa, que por sí sola ya ha comenzado a tener un impacto real en el crecimiento económico, mientras que otros países exportadores de componentes –como las economías asiáticas– también podrían verse beneficiadas en términos de crecimiento y empleo.