La encrucijada de los 6 GHz en Europa: por qué el WiFi importa (y la lección para México)

Los debates sobre espectro rara vez ocupan titulares, pero moldean las bases de la economía digital. La decisión europea sobre la banda de 6 GHz determinará no sólo el futuro de 6G, sino también la vitalidad de una de las tecnologías más exitosas —y a menudo subestimadas— de las últimas dos décadas: el Wi-Fi.

Los datos son reveladores. En muchos mercados, la mayor parte del tráfico de Internet fluye por Wi-Fi y no por redes celulares. En Estados Unidos, estudios muestran que más de 80% del tráfico de datos desde smartphones se transporta vía Wi-Fi. En Europa, el Wi-Fi ha sido el motor invisible de la conectividad, permitiendo acceso asequible donde el móvil por sí solo no alcanzaba. 

Durante la pandemia, se convirtió en un salvavidas digital: millones de estudiantes tomaron clases en línea, trabajadores se conectaron de manera remota y pequeñas empresas sobrevivieron gracias a ventas en línea —casi siempre sobre Wi-Fi.

La Unión Europea ya abrió la banda baja de 6 GHz (5,925–6,425 MHz, unos 500 MHz) para uso no licenciado, habilitando Wi-Fi 6E y preparando el terreno para Wi-Fi 7. Estados Unidos fue más allá, liberando los 1,200 MHz completos de la banda de 6 GHz para Wi-Fi, la mayor expansión de espectro en la historia de esta tecnología. 

China tomó un camino distinto, reservando gran parte de la banda alta (6,425–7,125 MHz) para uso móvil con licencia, como parte de su hoja de ruta hacia 6G.

Europa enfrenta ahora un dilema. Los operadores móviles argumentan que la parte alta de 6 GHz debe reservarse para 5G y 6G, citando estudios que sugieren que se necesitarán canales de 200-400 MHz para satisfacer la demanda urbana. La comunidad de Wi-Fi advierte que restringir el acceso libre a la mitad inferior limitaría la innovación y pondría en riesgo la capacidad de Europa de garantizar conectividad asequible y ubicua.

Ambas posiciones tienen parte de razón. Pero lo crucial es esto: Europa no puede permitirse debilitar el Wi-Fi. Es la principal interfaz entre la gente e Internet, conectando laptops, smartphones, tablets, dispositivos médicos, sensores industriales y miles de millones de objetos cotidianos. Subvalorar Wi-Fi en favor de una visión “sólo móvil” sería poner en riesgo la capa misma de conectividad que más usan los ciudadanos.

Esto no significa ignorar el móvil. Europa debe garantizar que los operadores —o los nuevos jugadores que surjan de consolidaciones— cuenten con espectro suficiente para desplegar 6G de forma competitiva. 

Pero la política de espectro no puede ser un juego de suma cero. Debe reconocer la complementariedad: Wi-Fi para accesos locales, asequibles y de alta capacidad; móvil para cobertura amplia y movilidad.

El verdadero reto no es técnico, sino político. La fragmentación en 27 mercados, los calendarios divergentes de subastas y operadores endeudados han dejado a Europa rezagada. Ninguna reasignación de espectro por sí sola lo resolverá. Se necesita una estrategia industrial coherente: reglas armonizadas, calendarios predecibles y, sobre todo, el reconocimiento de que el Wi-Fi no es una tecnología secundaria, sino la primera línea de la conectividad europea.

La ventana política es estrecha: en su discurso sobre el Estado de la Unión, la presidenta Ursula von der Leyen fijó 2028 como la fecha límite para completar el mercado único de telecomunicaciones. La decisión sobre los 6 GHz mostrará si Europa habla en serio.

Este debate es mucho más que un detalle regulatorio. Es una prueba de si Europa tratará el espectro como un activo estratégico, o si permitirá otra vez que la indecisión se convierta en declive. Estados Unidos ya le dio espacio al Wi-Fi para florecer. China arma sus ambiciones de 6G. Europa debe hacer ambas cosas —pero nunca debe olvidar que sus ciudadanos, sus empresas y sus innovadores viven y trabajan sobre Wi-Fi.

La situación en México

México tomó un paso importante en 2020, cuando el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) abrió el segmento 5,925–6,425 MHz (unos 500 MHz) de la banda de 6 GHz para uso libre y no licenciado, habilitando la llegada de Wi-Fi 6E y pronto Wi-Fi 7. La parte superior de la banda (6,425-7,125 MHz) sigue en discusión, lo que mantiene abierto el debate sobre su posible destino: uso libre, licenciado o compartido.

Para un país donde el Wi-Fi juega un rol esencial en escuelas, hogares y pequeñas empresas, esta decisión marcó un avance significativo en la democratización de la conectividad. México se convirtió en pionero en América Latina al habilitar de inmediato la banda baja, aunque todavía falta definir si seguirá el modelo de Estados Unidos —con la apertura de los 1,200 MHz— o un camino distinto.