Reforma Jorge Fernando Negrete P.
La confesión no es sólo una revelación pública de la fe propia, es mirar hacia adentro, hacia el yo profundo de nosotros. La confesión nos enfrenta con la aversion íntima, la externamos y la hacemos pública. Lo confieso, me asusta el horizonte inmediato del sector digital. El camino de la política digital está siendo un fracaso desde hace un sexenio y no se ve mejor en éste. No voy a caer en la facilidad del contraste y decir, “extraño a Alejandra Lagunes de la Estrategia Digital Nacional” frente al mar de ausencias de la política digital actual. No. La gran experiencia de transformar digitalmente nuestro País fue tirada a la basura por la Administración anterior, incapaz de cumplir con los objetivos que ellos mismos pusieron.
Ni superamos los indicadores de conectividad del País mejor conectado de América Latina: Chile, ni tuvimos expediente médico móvil, entre decenas de objetivos no cumplidos. Una suerte de frivolidad, adicionada por una incompetencia para planear y construir una visión digital para el País, nos dejaron con la falta de bienestar digital. La actual Administración presenta una forma distinta de expresar el mismo hecho: la ausencia de política digital. Tenemos un ayuno de conversación digital. Sostengo que, a la acción pública de diseñar procesos, establecer objetivos o determinar una visión estratégica para garantizar el acceso a la sociedad de la información, las TIC, el Internet y los servicios de telecomunicaciones, se le debe llamar política digital.
La transformación digital de la sociedad es crecimiento económico y desarrollo. Digitalizar los procesos productivos y la política pública fomentan el emprendimiento, la innovación y la competencia. Desde el lado público, incrementa la eficiencia y transparencia de los gobiernos, revela el carácter democrático de los mismos. El Gobierno necesita conocimientos y habilidades en innovación pública, ciencia de datos, Internet de las cosas, blockchain e Inteligencia Artificial. Desde el lado del conocimiento, estas tecnologías ofrecen el acceso justo y equitativo a la sociedad del conocimiento, la educación y la cultura.
La infraestructura mejor desarrollada en América Latina y que libera más valor, es la digital. Hoy, los servicios de voz están disponibles para más de 95 por ciento de la población y la cobertura de banda ancha alcanza 81 por ciento de los latinoamericanos. De acuerdo con la CEPAL, “entre 2010 y 2016 logramos avances sustanciales: 56 por ciento de los latinoamericanos usa Internet, 22 puntos porcentuales más que en 2010, y 45 por ciento de los hogares tiene algún servicio de banda ancha. La penetración de banda ancha móvil aumentó 55 por ciento y la banda ancha fija 11 por ciento en promedio cada año; creció 21 por ciento el número de hogares conectados con fibra óptica y uno de cada 5 cuenta con oferta de esta tecnología”.
De los 500 mil millones de pesos para reactivar la economía, anunciados por el Secretario de Hacienda, ninguno va para ciencia, tecnología y transformación digital del Gobierno. Las compras de cómputo y software están detenidas cuando la más relevante transformación digital del mundo está por presentarse. La I+D de China aumentó 330 por ciento, de 23 mil a 98 mil millones de dólares, mientras la de Estados Unidos creció 2 por ciento de 121 mil a 124 mil mdd. La I+D empresarial china aumentó 726 por ciento, mientras la estadounidense creció 39 por ciento. China invierte 379 mil mdd por año y Estados Unidos 345 mil mdd.
El paradigma 5G vive y las negociaciones internacionales por la definición del estándar suceden mientras hablamos, pero la 4T ha destruido más empleos que la Inteligencia Artificial. El miedo al 5G por ampliar la desigualdad digital será culpa no de la tecnología, sino de la falta de política pública y visión digital del Gobierno. La medicina a la ignorancia y la incompetencia es la misma: reconocerla. Por eso, afirmo sin pudor, que no hay mejor y más justa política social que la política digital.
Presidente de Digital Policy & Law Group.
