Durante la temporada lluviosa, la estabilidad de los suelos se convierte en uno de los principales desafíos para las autoridades nacionales, debido a la saturación de agua y posible caída de material en las carreteras más importantes de Costa Rica.
En Costa Rica, el desafío es particularmente agudo por su compleja topografía y clima. Según el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), el 77.9% de la población y el 80.1% del PIB se encuentran en áreas de alto riesgo para desastres relacionados con fenómenos naturales y al cambio climático.