El Universal Irene Levy
El IFT administra un sector muy técnico y complejo que requiere cuadros profesionales y con experiencia; la SICT tendría que crear una estructura.
Los órganos autónomos no son queridos por la izquierda en ninguna parte del mundo, tampoco otras figuras como los ‘think tanks’ ni la sociedad civil. Es cierto, todo esto fue una creación de los dueños de los grandes capitales ante la incertidumbre de los vaivenes políticos. Después de la caída del muro de Berlín, se empezó a instalar más fuertemente la idea de que son los técnicos y no los políticos quienes deben establecer las reglas a través de un modelo compuesto por la autorregulación, estándares técnicos, acuerdos internacionales y organismos autónomos, conformando un poder paralelo que acota al soberano.
Todos los organismos autónomos estorban al poder, pero no todos son iguales: 1) están aquellos que extraen funciones del gobierno por existir un conflicto de interés entre estas y la vida política, como el INE, o la asepsia financiera, como el Banco de México; 2) los que exhiben el ejercicio del poder, como el Inai o la CNDH, y 3) los técnicos, que hacen funciones relacionadas con la economía y que responden a lo que menciono en el inicio de este texto, como el IFT.