El País Santiago Carcar
Las empresas nacen, algunas crecen y la mayoría se adaptan para no morir. La etapa del crecimiento es esencial. Cellnex Telecom, el principal operador de infraestructuras de telecomunicaciones inalámbricas de Europa, nació con el siglo, creció durante los últimos ocho años con el apetito de un glotón y amasó una montaña de liquidez —10.000 millones— sobre una cordillera de deuda —17.287 millones a finales del pasado ejercicio— en un entorno de tipos cero. Toca adaptarse. La consigna, anunciada por el consejero delegado Marco Patuano, es crecer con orden; vender activos para ganar agilidad; obtener la confianza de los inversores con buena nota de las agencias de calificación de deuda, y mantener razonablemente satisfechos a los accionistas con un reparto mínimo de 500 millones anuales a partir de 2026. “Pasamos a un modelo de compañía que retribuye mejor al accionista”, explican fuentes de la empresa. Quizá es el momento. En 2023, Cellnex, volcada en ganar cuerpo, repartió un dividendo testimonial de poco más de 28 millones. “Un perfil de retorno sobre el capital decepcionante en los últimos años”, criticó el banco de inversión Barenberg.
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