Elecciones y Estado digital

Reforma, Jorge Fernando Negrete

La primera revolución digital de nuestra sociedad necesita una revisión integral de sus marcos legales, regulatorios y de política pública. Nuevas realidades económicas, políticas, culturales y sociales impactan y modifican nuestra conducta, la forma como nos relacionamos, en qué se estructuran las sociedades y se cuestionan las estructuras del poder jurídico. 

Las redes de telecomunicaciones y la tecnología digital nos enfrentan a algo que ya es un choque civilizatorio (en palabras de Samuel P. Huntington) frente a la primera revolución digital de nuestra civilización (en palabras del Dr. Arturo Oropeza) y su consecuencia inmediata: una nueva civilización (en palabras del Ing. Carlos Slim).

El nacimiento de esta civilización se da en un entorno geopolítico inevitable. Las antiguas guerras económicas en el Atlántico del periodo virreinal, en el Pacífico, posteriormente al descubrir China, Filipinas y la India; la guerra económica de la Revolución Industrial y la de los últimos 80 años, con el nuevo orden internacional de las Naciones Unidas y múltiples organismos internacionales palidecen frente a las oportunidades económicas y políticas que ofrece esta sociedad digital. 

Tanta acumulación económica, como momento de oportunidades y de justicia social y prosperidad, en una sociedad digital. 

No existe herramienta más poderosa de transformación social que la Internet y los servicios de telecomunicaciones y no existe mayor igualador social que las Tecnologías de la Información y la Comunicación y la Internet. 

Pero también no hay momento más peligroso que un escenario donde la desconfianza recíproca crea bloques económicos, regulatorios, jurídicos y de política pública, bajo la égida de la geopolítica. La ideología y el miedo como formas de la acción pública generan errores, avances minúsculos y torpezas legislativas.

El derecho de acceso a Internet y la sujeción del mundo digital al mundo jurídico es fundamental para orientar la nueva regulación, la política pública y los nuevos marcos legales. La negociación y la construcción de una visión digital sin comprender estas 3 herramientas nos llevarán a caos y frenesí digital incontrolable. 

Sobrerregular mata la innovación y la sociedad digital; una sociedad de libertinaje digital orilla al despeñadero digital; legislar sin política pública es la náusea pública; regular sin marcos legales es la inseguridad jurídica y política pública pública sin leyes es falta de institucionalidad.

El Estado digital es la construcción de la institucionalidad de la acción pública para una sociedad digital y se construye con 4 grandes herramientas: el respeto al derecho de acceso a Internet y su función como habilitador de derechos fundamentales, lo que crea algo que denomino “Constitucionalismo digital”, política pública, regulación y marcos legales.

En los próximos meses veremos una de las más relevantes campañas políticas de los últimos tiempos. Debo confesar mi optimismo por ambas opciones, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez. ¿Por qué? Porque ninguna lo hará más mal que el actual gobierno en materia digital.

La construcción de la visión digital es un reto de campaña y de gobierno para ambos equipos. Una sociedad digital crece más rápido, genera más igualdad, acelera la implementación de las políticas públicas, dinamiza la economía y la vuelve digital, genera empleo a más velocidad en el menos tiempo posible (véanse las plataformas de movilidad creando 6 millones de nuevos y mejores empleos en América Latina en 3 años, según CEPAL), facilita la educación masiva, combate la pobreza en mejores condiciones, genera indicadores de gobierno, vuelve transparente el gobierno y la acción pública y combate la marginación del nuevo siglo: la digital.

Los estrategas de campaña deben plantear una visión poderosa, no de un nuevo gobierno, sino de una nueva civilización, transformadora, justa y con bienestar digital para todas y todos. O tendremos otros 6 años de aridez digital.