Reforma Jorge Fernando Negrete P.
¿Debemos dedicar el espacio público al debate sobre la preponderancia? No. Deberíamos estar reflexionando sobre la regulación digital que viene. El silogismo es fácil. La casi declarada guerra Estados Unidos vs. China se debate en el territorio tecnológico. Estados Unidos quiere ser el líder y dominar las cadenas de valor de los nuevos negocios del ecosistema 5G. Para tenerla, necesitamos 10 veces más infraestructura e inversión, desplegar cientos de miles de kilómetros de fibra óptica. El tráfico de datos superará cualquier récord histórico, y entre cada 3 y 6 meses se superará la capacidad de gestión del mismo. Si no conectamos a los desconectados, la autoría intelectual de la marginación digital será del Estado, y si no se generan los estímulos para el despliegue de infraestructura, no habrá 5G. Necesitamos una nueva generación de regulación y política pública sustentada en estímulos a la inversión. Las empresas necesitan ingresos y márgenes más altos para invertir.
Veamos, el ARPU (Average revenue per user) en Europa es de 20 dólares y en Estados Unidos de 40; el ARPU en Chile es de 11 y en México de 7.26. Apenas en 2012 el ARPU en México era de 12. Es decir, el ingreso derivado de la competencia se ha destruido, resta valor a las empresas y ha sido transferido a los usuarios. Esa es una verdad empírica e incuestionable. Si a eso agregamos la destrucción del estímulo para invertir en áreas rurales derivado del régimen de preponderancia, tenemos la tormenta perfecta.
Primero. Colapsa el valor en bolsa de las acciones del preponderante. Baja la inversión. Preponderante piensa: ¿para qué invierto si me castiga la ley? Mantiene tamaño y cuida porcentaje de mercado.
Segundo. Los competidores del preponderante usan los beneficios de la ley y se montan en su infraestructura: roaming, precios debajo de costo, gratis por un tiempo (tarifa cero).
Tercero. Todos destruyen valor al bajar tarifas, invertir menos y no ofrecer servicios convergentes. Telmex tiene una hemorragia financiera y un modelo de negocio sin estímulos, vende debajo de costo y sin ingresos convergentes.
Cuarto. El preponderante invierte estratégicamente en calidad y servicio sólo en su red, no expande cobertura, genera economías, virtualiza red y se vuelve propietario de su propia información. Regresa con anabólicos gracias a la regulación que diseñaron sus competidores.
Quinto. Todos rompen su promesa. Ni Televisa se fortalece financieramente como grupo, no ofrece quíntuple play, ni aprovecha su escala de dominio en TV de paga, es débil hasta en su territorio frente a Disney y Fox; ni AT&T compite con su propia infraestructura como ofreció (quiere la de Telmex) y Movistar no termina de estabilizar ingresos. En el frenesí, piden a preponderante inversión, señalan tamaño, que se separe, que no le den TV y olvidan a desconectados.
El mercado mexicano de telecomunicaciones no es vibrante, no compite con innovación, no es convergente, no genera buenos ingresos para nadie y padece una mediocridad sistémica. El mercado mexicano ha generado un sistema que destruye la innovación tarifaria, servicios y vuelve irresponsables a todos. Bueno, ni el sistema electrónico de gestión aprobado por la industria saben manejar. Un simple Business Solution System pone en jaque la capacidad intelectual de trabajar con computadoras. Qué vergüenza.
Diálogo de sordos. La preponderancia no pertenece al derecho de la competencia. Es una figura mal fundada que daña y restringe derechos fundamentales, pero también el sistema de competencia. Vuelve incapaces a los poderosos. Debió ser una figura temporal como la OCDE lo propuso. “El prescribir detalladamente una regulación en la Ley (que tardaría décadas en reformarse) introduce rigidez innecesaria en un sector que se transforma a ritmo acelerado, y al mismo tiempo se genera el riesgo de que la regulación se vuelva obsoleta rápidamente”. La autoridad debe resolver el presente, pensando en el futuro.
Adictos al veneno que los mata poco a poco, quieren más.
@fernegretep
Presidente de Digital Policy & Law
